Escupire.sobre.sus.tumbas.capitulo.28 〈LIMITED • REVIEW〉
—Porque ya no me quedan balas para la razón —respondió—. Solo me queda la sed. Y la sed no negocia.
La noche anterior había enterrado a Joe. No con tierra, sino con un hierro. Lo recordaba con una claridad enfermiza: el sonido húmedo del golpe, el crujido de las costillas cediendo como ramas secas. Joe había sido el último eslabón de una cadena que se remontaba hasta el verano del odio. El verano en que Mary, su hermana pequeña, había aparecido flotando en el río con los ojos abiertos mirando un cielo que ya no existía. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28
La lluvia arreció, golpeando el tejado de zinc como los dedos impacientes de la muerte. En algún lugar, muy lejos, una sirena comenzó a aullar. Pero no era una sirena de auxilio. Era el preludio de una cacería. —Porque ya no me quedan balas para la
Lucy tomó su abrigo. No dijo nada más. No hacía falta. La noche anterior había enterrado a Joe
Mañana, pensó Anderson mientras el coche se perdía entre la niebla, mañana el juez sabrá lo que duele ahogarse en tierra firme.
Capítulo 28 El precio de la carne y la sed de justicia
