Honra a los que te dieron sombra cuando no tenías nombre. El padre, la madre, ese primer techo. Sin ellos, ni siquiera el pecado sería tuyo.
No fueron escritos con tinta, sino con el dedo de fuego sobre el lomo de la montaña. No piden opinión. No negocian con el polvo del que fuimos hechos. Los Diez Mandamientos
Porque la ley pesa, y el hombre prefiere el vértigo de caer a la paciencia de aprender a volar. Honra a los que te dieron sombra cuando no tenías nombre