Obb Balas Magicas - Holograma File

Obb, por supuesto, no escuchaba advertencias. Escuchaba el silencio que dejó su hermana Lina cuando desapareció hace tres años. Y ese silencio tenía una forma: una tarde lluviosa, un portón que se cerró solo, y una risa que se cortó como un hilo.

En el sótano del Colegio de Magia Inesperada, Obb encontró lo que había estado buscando durante tres años: una caja de balas mágicas. No eran balas normales. Brillaban con un tono violeta profundo, y al tocarlas, sus dedos sentían una vibración que no era calor ni frío, sino un zumbido de posibilidad. Obb Balas Magicas - Holograma

—Obb —dijo ella, y su voz sonaba a estática—. ¿Por qué me trajiste de vuelta? Yo ya no era yo. Obb, por supuesto, no escuchaba advertencias

La caja contenía solo tres. La tercera era transparente, como un diamante vacío. El profesor Holograma le había dicho: "Esa no es para recordar ni para cambiar. Es para des-hacer. Pero lo que des-haces, no vuelve a hacerse igual." En el sótano del Colegio de Magia Inesperada,

—¿Por qué acepté la flor negra? —preguntó Lina, y su holograma sonrió con tristeza—. Porque allí no había miedo, Obb. Había paz. La paz que yo no encontraba aquí.

Afuera, empezó a llover. Como esa tarde. Como todas las tardes, desde que Lina se fue.

—Lina —susurró.